nombres propios

Comienzo el año con gripe.
Una semana de baja. La primera baja en doce años. «No es un buen inicio de año», me digo. Y me temo lo peor.
Efectivamente. Las cosas sólo van a peor.
Me deja mi novia.
Reviso mi vida.
Mis amigos.
Vuelvo a la vida.
Un amigo me dice: «Tienes que conocer a X.»
No sé quién es X.
Luego me acuerdo. Claro. X.
«Y por qué X», le digo.
«Porque es inevitable conoceros a ambas y no verlo claro.»
Me río. No. Sonrío.
Sonrío pero me cambia la vida.
Porque no me enamoro pero sí me enamoro.
La vida a veces es un puto milagro.
Que esté respirando, ahora.
Que haya respirado todo este año, pienso.
La vida sigue. Pese a todo.
Pese a la muerte. Pese a la ruptura.
Están mis amigos. Mi salvación.
Puedo nombrarlos a todos y a cada uno de ellos. Les debo mucho más de lo que sabrán jamás.
«Ahora te veo viva», me dijo E. Y qué impacto la frase.
Me quedo pensando por qué.
Y acabo por entenderlo. Ya no hay más «estás haciendo el ridículo».
Ahora esta es mi vida.
Conozco a X.
Me cambia la vida.
Emocional y literalmente. Es un antes y un después.
No conozco más enfermedades desde enero.
Nace N., mi N. Te protegeré siempre.
El gimnasio.
Intento cuidarme.
Vuelvo a estar en forma.
Necesito el ejercicio para no volverme loca.
Recupero las viejas sensaciones de cuando hacía deporte.
Diez años jugando a baloncesto.
Cuando me veías jugar, ama.
Cuando me falta el aire saltando, haciendo burpees, «el equipo acaba contigo».
Como cuando conocí a X, que me faltó el aire.
Feria del Libro de Madrid. S., L., V., tanta gente conmigo y tanta gente sin mí.
Madrid, que siempre es una alegría. Tanta felicidad constante.
La vida que sigue pese a todo. Pese a mí.
Las clases que no paran. Estar de un lado a otro. Los breves momentos en los que crees que «vale la pena».
Un festival de música, por primera vez en mi vida.
La primera vez en el psicólogo.
Y Madrid después, donde volvió a faltarme el aire.
Donde mi cuerpo no terminaba de responder. Estúpido, qué estúpido este cuerpo mío.
Pero qué días, qué espectáculo de ronroneo en la sangre.
Y después, el salto en caída libre. Involuntario.
Vacaciones.
Fin del psicólogo. No ha funcionado.
Cojamos aire.
X, de nuevo, y siempre. Y los días felices. A., I., M., A., V., N., A. Tantos.
Se acabaron los días en los que creía que todo era posible.
El bofetón. El fin de un sueño.
No pasa nada.
Agosto aún no ha acabado.
Ama.
Fiestas de Bilbao. La música. Las risas. Ellas. Ellos. Mi gente.
Y Portugal después: Lisboa, Oporto. La vida, de nuevo, abriéndose camino.
El inicio de curso. De nuevo.
Saber que ya no pertenezco.
Dejar pasar los días.
El año sigue pintando mal. «Lo comenzaste con 39 de fiebre, qué esperabas.»
Pues también es verdad.
Terminar un trabajo. Comenzar una nueva traducción. O intentarlo.
Soñar con otras traducciones, que no terminan de llegar.
Octubre.
X, de nuevo, en mi ciudad, en una ciudad ajena, aquí. X. Así me cueste la vida, recuerdo.
Las sorpresas que suponen ciertas personas.
Los días se aceleran.
Ama.
Noviembre.
Y todo cambia. Todo cambia, siempre, cuando menos te lo esperas.
Las trampas de la mente, las trampas del sueño, las esperanzas tardías.
Madrid, de nuevo. Y su gente. Mi gente. Las últimas veces, también.
Ser demasiado consciente de las últimas veces.
Hacer las cosas, estar en un lugar, y saber que es la última vez.
El desconsuelo al entrar en el metro.
El infame viaje de vuelta.
Y todo sigue cambiando.
Diciembre.
De la noche a la mañana.
Los viajes que no.
Los casi.
Los viajes que sí.
Los reencuentros. Los cafés.
El pasado.
Y este presente que debo aprender a gestionar.
Y recuperar la esperanza. Y las ganas. Y el por qué no.

Y este 2019 que aún puede deparar sorpresas. ¿No?

Hay más recuerdos de este 2019, pero estos son los titulares. La enfermedad, la muerte, la supervivencia, lo inesperado. Todas esas iniciales que son y serán siempre. Mi 2019 es un año de nombres propios. El 2019 no ha sido amable. Tampoco lo esperaba. Pero me ha traído a X, aunque su inicial no sea X porque es, en realidad, la suma de todas las letras, la suma de todo. Tú, si me lees, sabes quién eres. No sé cómo será el 20, pero estoy preparada. Creo. Porque a veces, eso, es más que suficiente.

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