y ahora

©Ainize Salaberri

Voy a ir a terapia. Es la primera vez. Tengo miedo, nunca me he atrevido a ir porque nunca me he atrevido a sacar mis entrañas a pasear ante un desconocido. Porque, a ver, cómo se hace eso. Cómo se empieza a hablar. Qué le cuentas. Qué te pregunta. Por qué estás aquí. Y yo me lo quedaré mirando y le diré: pues mira, porque mi madre está muerta, y porque quien yo era ya no soy, y porque parece que me está creciendo un monstruo por dentro, y porque no estoy gestionándome bien, y porque estoy perdida, y porque me estoy enamorando, y porque… Y podría montar un monólogo en cinco minutos y él se quedaría alucinado. Pero no le voy a contar que me estoy enamorando porque a ti qué mierdas te importa si, además, no es recíproco. Además, si no he sido capaz de decírmelo a mí misma en voz alta como para decírselo a él, que de nada le conozco, aunque quizás que no te conozca sea muchísimo mejor y te cuente muchísimas más cosas, porque cómo enseñarles esta oscuridad a mis amigos, a mi familia, cómo enseñarles el carbón que se me consume por dentro, estos ríos descontrolados que no sé a dónde van ni sé por qué no me llevan con ellos. Pero me sentaré allí, me mirará, lo miraré, y me quedaré callada. Dijo la Winterson en una conferencia que dio en Edimburgo, creo, que ella estuvo yendo a terapia durante muchos años sin contarle al psicólogo por qué estaba realmente allí: se había intentado suicidar. Yo no, yo no me he intentado suicidar, no se me pasa por la cabeza, pero mi madre está muerta, sabes, y no debería estarlo, y yo debería estar aquí y no estoy, porque no estoy, sabes, me lo noto por dentro, que no estoy, que parece una historia de ficción pero que no, que es la vida real, que mi madre se ha muerto y que yo estoy huérfana, y que estoy sola sin estar sola, sabe usté, que vengo aquí porque sé que lo necesito pero no quiero contarte nada porque no sé ni por dónde empezar y, sobre todo, no sé qué es lo que me vas a sacar, porque en eso consiste esto, ¿no? en descubrir cosas, en encontrar la raíz, pero te lo digo: la raíz es mi madre y que está muerta, pero que decirlo tantas veces tampoco ayuda, no cambia el hecho ni lo hace más real, porque a veces pienso que aún sigo en shock, menos cuando llego a casa y me pongo a llorar PORQUE MADRE MÍA DÓNDE ESTÁS AMA, DÓNDE DEMONIOS ESTÁS QUE NO ESTÁS AQUÍ, y porque qué demonios hago con estos sentimientos que me están naciendo por una persona que está lejos, y viva, pero; y mi madre muerta y no poder llorar con ella lo que siento, lo que me arrasa, porque pensé que nada me arrasaría de nuevo después de ti, ama, y resulta que sí, que no estés me arrasa y hace que el fuego me arrase, porque no me quiere, y no te lo puedo contar, ama. Y de repente dejaría de hablar con el psicólogo y le estaría hablando a mi madre, pero tú no eres mi madre, y me acariciaría las manos intentando reconfortarme, o me quitaría la piel del labio, o me mordería el interior de la boca y me haría llagas, porque esa es otra, sabes, a veces me he hecho daño a mí misma, conscientemente, pero me sigo mordiendo las uñas, me muerdo los labios, me muerdo el interior de la boca, soy caníbal conmigo misma, me devoro para ver si desaparezco pero no lo hago, no lo hago, nolohago nolohago nolohago, y sigo aquí, y creo estar hablándote a ti pero le estoy hablando a ella, mientras pienso en otra persona, que me arrasa porque la quiero, porque me estoy enamorando, porqueporqueporque. Pero no le estaré hablando a él, me estaré hablando a mí y a mí no me quiero hablar. Quiero ir y que me arreglen, que me recompongan, casi como si fuera un truco de magia, y que me dejen tranquila y que pase la tormenta y respirar profundo sin que duela y sin que queme, y que si quema que sea el amor y no esto, no esta ausencia, no esto tan inaceptable. Pero me sentaré allí, lo miraré, y esperaré a que él lleve la conversación, a que me saque las palabras porque tengo miedo madre mía tengo miedo de lo que pueda ser esto. Y porque solo quiero hablarle a ella, a mi madre, sí, pero ella me ve y lo sabe. Quiero hablarle a ella, sabes, a ella. Que me estoy enamorando de ti y que no sé qué demonios hacer con esto porque. Pero que cuando te abracé, cuando puse mis manos en tu cuerpo, cuando te olí, cuando el mundo se detuvo a mi alrededor, cuando sentí que podía quedarme entre tus brazos toda la vida, supe que ya no había marcha atrás, sólo confirmé, sólo asentí ante lo imparable, ante lo implacable.

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