que (no) sea tu nombre el que sobreviva

©Ainize Salaberri

«la nieve es el preludio de la sombra»

eso dijo ayer una poeta en un recital al que fui. «la nieve es el preludio de la sombra». releo la frase y la pronuncio en silencio. releo la frase y muevo los labios. casi siento el frío de la nieve. casi, casi, vuelvo a una infancia que siento que no me corresponde. casi, casi, casi, parece que fue ayer cuando. casi parece ayer todo. y ha pasado tanto. ha habido tantas sombras (siguen estando). ha habido tanto frío, tanta noche cerrada donde apenas entraba el aire. noches, fríos, nieves, en los que respirar era una guerra contra mí misma. y, dentro de ella, batallas perdidas, siempre. por intentar borrar la memoria, por ejemplo. por intentar pronunciar su nombre y no poder. por intentar recordar un olor, una voz. por intentar recordar su voz y no poder. no poder. por intentar recordar tantas cosas y no, no poder. «la nieve es el preludio de la sombra». maldita sea. quizá la nieve sea el preludio de absolutamente todo. la nieve. Nieves. otro nombre que no puedo pronunciar porque no le corresponde, en realidad. no me ata a la vida. me ata otro, aquel con el que le llamaba. le atan mil recuerdos que nunca llevan su nombre real. «la nieve es le preludio de la sombra». y de qué si no. de qué puede ser preludio nada, en realidad. de qué si no hay principios y sólo finales. las sombras. la nieve. las sombras de nuevo. y el silencio. ese silencio que lo mancha todo, esa ausencia que desgarra tanto, tan implacablemente, que rechina tanto en los dientes, que es imposible recomponerse, sobrevivir. no digamos respirar sin sentir que es una traición. contra mí misma. contra el recuerdo. contra su presencia. «la nieve es el preludio de la sombra». maldita seas Lara Moreno. y bendita también.

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