ama

«¡hola, mi amor!»

hace un año de tu voz por última vez

hace un año de la absoluta felicidad por última vez

tu voz, aquella paz

tantas últimas veces

tantos desgarros desde entonces

«qué bien que ya estés aquí, cariño»

he tenido que comprender mi cuerpo sin el tuyo

he tenido que entender mi sangre sin la tuya

«¿vienes a comer mañana?»

he tenido que aceptar la ausencia del cordón umbilical

la ausencia de lo que nos hacía a ti y a mí tan especiales

aliadas

aliadas contra el mundo, contra la vida

algo tan nuestro, tan de verdad

«ayer no me encontraba bien, tenía escalofríos y no comí; y no te creas que hoy he comido mucho más»

que no sé quién soy sin ti y que no es una manera de hablar

que me he perdido y no sé volver

que no quiero recorrer el camino de vuelta y encontrame qué

si no hay nombre que pronunciar

si no hay ama a la que llamar

si cojo el teléfono para contarte y no estás

«un beso, cariño»

«Ainize, ven a casa inmediatamente»

que lloro como cuando era niña y, al sollozar, decía «ama, ama, ama»

y tú venías pero ya no vienes

y quién atiende mi llanto desconsolado si no estás

quién me mece y tranquiliza

quién encuentra el gesto que apacigüe mi monstruo

«no sé si tu madre está muerta»

nadie

nadie sabía hacerlo como tú

aunque no supieras qué monstruo apaciguabas

aunque ni siquiera supieras que existía uno

«ay, aita, ya voy»

porque al otro lado de la ausencia no hay nada

porque quiero darte la mano y no alcanzo

porque no me sujetas

«¿te importa si rezamos una oración?»

porque aquella risa, aquel estallido, no retumba más

porque ya no es que quede un vacío, es que queda un mundo inhabitable

que ya nada es suficiente

que nada alcanza, que esta destrucción es

y aún recuerdo

aún recuerdo

aún aún aún / siempre

«Padre nuestro que estás en los cielos»

«ama mía que estás en los cielos»

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