23

Ama,

hoy es 23 de julio y no estás aquí. y es la primera vez que no estás. y aunque este día nunca fuese especial, por la suma, por la estaticidad, por la permanencia, eras tú de quien venía y hacia quien iba. y ahora no estás y nunca volverás a estar y hoy siento que el cordón umbilical me ahoga, que me tira, que me corta. hoy siento como si no hubiese nacido, porque no has venido a abrazarme y a llenarme de besos. y pienso en todas las veces que podría haber estado y no estuve, porque antepuse vida a vínculo, o precisamente por el vínculo sabía que podía anteponer otro tipo de vida a la que tenía porque tú ibas a estar siempre. cuánto nos equivocamos. qué crueldad. damos por sentadas demasiadas cosas: el tiempo, la presencia, los te quiero. la sangre. y la celebración de la vida, que siempre creemos que podemos posponerla porque siempre va a estar ahí. y cuando, de repente, perdemos la columna vertebral, nos damos cuenta de lo frágiles que somos, lo inexpertos que somos en la vida, lo ausentes que estamos incluso de nosotros mismos. y no tiene arreglo. el nudo, apretado hasta la saciedad, es indestructible. y ahoga.

hoy es 23 de julio y nunca más volverá a ser 23 de julio. porque estoy huérfana. porque mi primera casa, mi casa eterna, tú, la he perdido para siempre. hoy, 23 de julio, ama, aunque la vida se me antoje inaceptable, cumplo años por ti. dame la mano y vámonos. invito yo.

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