vive o muere

Hay fechas que deseamos olvidar.
28 de marzo.
24 de julio.
2 de junio.
13 de junio.
4 de octubre.

 

4 de octubre. Tal día como hoy, hace 43 años, una mujer de casi metro setenta y cinco, y cincuenta kilos de peso, un abrigo de piel y unos cuantos vodkas en el estómago, con miles de hazañas, guerras, victorias y derrotas a la espalda, con una depresión de caballo y una tristeza infinita, se encierra en el garaje de su casa, pone en marcha el motor de su Cougar y se suicida. A su hija, Linda, le costó utilizar esa palabra cuando tuvo que llamar a todas las personas que figuraban en la agenda de su madre. «Ha fallecido», decía, y sabía que mentía. Pero era incapaz de pronunciar la palabra con la que había convivido toda su vida. Era incapaz de aceptar, quizás, que a su madre nadie podía salvarla. Ni siquiera la gran, grandísima, Anne Sexton. Incapaz de aceptar que pese a que en el poemario Vive o muere, que a su madre le valió el Pulitzer, su madre finalmente se decantara por morir. Agotada, exhausta, de librar batallas que sabía de antemano que tenía perdidas. Porque Linda convivió con la muerte, convivió con la incertidumbre de si su madre, Mother, Mother, despertaría al día siguiente. Ninguna hija está preparada para aquella última escena. Ninguna hija está preparada para darle a su madre el último adiós.

Y hoy, tampoco lo estamos nosotros.

Recordar el aniversario de la muerte de Anne Sexton es doloroso. Como recordar el de Virginia. El de tantos otros. Cada uno tiene sus penas, sus dolores. Anne Sexton era especial. Era, en mi opinión, LA poeta. No había ninguna como ella, nunca la habrá. Anne Sexton era verdad pura. Y, curiosamente, era la viva imagen de la vida, del live to the hilt, el lema de sus padres. Exprimió la vida y la escribió. Nos la regaló. Sus poemas están afilados: si te acercas, sangras. Siempre. No hay advertencia que atenúe el dolor. Y menos mal. La poesía de Anne Sexton es de las más bellas a las que me he acercado. Pertenece a esa literatura que te hace gritar, llorar, sonreír, temer, amar, odiar, desgarrar, coser, recomponer, morir, revivir, rezar, matar, cerrar, cerrar, cerrar, cierra el libro, ciérralo. Pero es necesaria. Amo a Anne Sexton porque, como dice mi Virginia, hace ronronear mi sangre. Me alarma y me calma, y me atrapa. Me deja al borde del precipicio, medio inconsciente, tiritando. Pero volvería a nacer una y mil veces por leerla por primera vez, por descubrirla de nuevo, porque caer en su telaraña y dejarme devorar. Anne Sexton hizo magia con la poesía.

Hoy es un día triste pero siempre recordaremos lo vivos que nos sentíamos cuando sus dedos escribían*.

*I am alive when your fingers are.
—The Breast, Love Poems (1969)

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