El cockney de mis amores

©Maite Gurrutxaga

El círculo siempre se cierra

por Ainize Salaberri

Novelas, ensayos, relatos cortos, biografías, teatro, cartas y diarios. Virginia Woolf enriqueció el panorama literario no sólo de su época sino también de todas las venideras. En 1905 comenzó a escribir de forma profesional y publicó su primera novela en 1915. La última se publicaría de forma póstuma el mismo año de su muerte. Virginia Woolf era la literatura hecha carne. Así lo atestigua la historia y sus creaciones. Desmenuzó lo que existía hasta entonces y le dio un nuevo cuerpo, una nueva visión, otra vida más salvaje, más atrevida, más valiente. Virginia Woolf nunca se conformó, en ningún aspecto de su vida: ni en sus libros, ni en su diarios, ni en las cartas, ni en su amor, ni en su enfermedad. Siempre fue un paso más allá. Era capaz de escribir poesía en prosa, era capaz de adherirse al canon literario de la época y escribir una novela acorde a lo que se esperaba de ella, y también era capaz de salirse del guión y escribir Orlando, la más impresionante carta de amor jamás escrita. No conocía límites.

Virginia Stephen comenzó a escribir, oficialmente, a los nueve años, en el «periódico» que sus hermanos y ella habían creado, Hyde Park Gate News, y en el que recopilaban todos los acontecimientos que tenían lugar dentro del núcleo familiar, desde los más relevantes hasta los más absurdos, siempre con un toque de humor y una pizca de sarcasmo. Entre las noticias también había espacio para las creaciones literarias. Así, el 22 de agosto de 1892, el periódico de los Stephen «publicó» un relato corto orquestado, en principio, por Virginia y Thoby: Las aventuras agrícolas de un cockney. En el capítulo dos de la primera parte, sin embargo, queda claro que es Virginia la que ha tomado las riendas del relato. En él reconocemos algunas de las características que terminarían por ser santo y seña de Virginia pero también descubrimos un alma un tanto desconocía, sorprendente y risueña, que dista mucho de la imagen que se ha tenido de ella durante años. En este relato no es Woolf, es Stephen. Es una niña que, de nuevo, se sale de la norma y del mundo que la rodea para explorar lo que, parece, no está a su alcance, lo que nadie más ve o, quizás, lo que pocos pondrían por escrito. Sorprende la ironía, que tan fino hila, a lo largo de todo el relato; sorprende la capacidad de moverse como pez en el agua entre las escenas, la capacidad para construir la tensión al final de cada capítulo; sorprende el vocabulario utilizado, los conocimientos literarios, lo divertido que le resultó escribirlo. Nos sorprende, quizás, descubrir que Virginia, al menos durante un período de tiempo, fue una niña, y que fue feliz.


Para saber más de los primeros relatos de Virginia Woolf, aquí tienes los siguientes links:

Nórdica

  • Primeras páginas AQUÍ

UDL Libros

 

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