primer primero

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«La miraba con embeleso. Uno cree que ya no puede ocurrirle nada, ya se ha hecho a la idea (y aquello no había sido fácil, aunque no lo hubiera exteriorizado), y de pronto una gran ternura, del todo nueva, te ilumina la vida.»

Malentendido en Moscú, de Simone de Beauvoir.

No puedo creer que haya pasado un año desde aquel primer mensaje, aquella timidez, aquel temor. No puedo creer que haya pasado un año en todas estas primeras veces por primera vez. Que, cuando la vida parecía ya una vía de tren que no tiene final (me recuerda a Tierras de cristal, de Baricco), de repente existiese el tren, que existiese, en realidad, la vida, y que hubiese un nombre para mí, que existiesen sus manos para poder agarrar las mías, que el mundo se pusiese de mi parte. Hace un año mi vida cambió por completo: del blanco y negro al color, de los libros a los besos, del buscar al contemplar, del seguir adelante pero de otra forma, de la única forma en la que se debería seguir adelante. En este año me he hilado a otra persona y mi piel ha despertado; y con mi piel mis entrañas, mi sangre, la punta de mis dedos, los nervios, tan frágiles antes, tan caída mortal, y tan fieles ahora, tan pacíficos. Me he cosido a una vida que habla, escribe, siente, piensa, en primera persona del plural.

Si esta es toda la suerte que he de tener en mi vida, que así sea.

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