hay días

1. Esta mañana he empezado a escribir una entrada que se ha quedado, finalmente, en borradores. Siempre hay días en los que es mejor no levantarse. Días de pseudo verano en los que la lentitud de las horas, y las ausencias, influyen demasiado en nuestro estado de ánimo. Hoy es uno de esos días. Hoy era una de esas mañanas. Como abrir y cerrar ventanas sin orden ni paz. Y los calambres, que empujan, y a los que intento no hacer caso. Porque sólo llevan a calles sin salida. Y menuda estupidez. Porque hay mañanas que deshacen nudos y mañanas que enmarañan los días. Horas en las que crees que no sirves, en las que, de repente, te da todo mucha pereza. Días en los que, quizás, el estado anímico pueda reflejarse en apellidos de escritores famosos: Kafka, Proust, Woolf, Plath, Sexton, Akutagawa. Días en los que buscas en la red aquellos rechazos a otros que, finalmente, reportaron felicidad porque las cosas pasan cuando tienen que pasar o porque somos atletas de larga distancia. Sea como sea, hoy es uno de esos días en los que necesitas las desgracias ajenas para ver que la tuya, que aún no es nada, ni tan siquiera un pequeño montón de granitos de arena, no es el final sino el principio. Y cuesta entender que, luciendo como luce el sol afuera, tarde tanto la luz en atravesarte. Pero lo hace, finalmente, como todo: a su debido tiempo.

2. Hay días, y mañanas. Pero la huida, de momento, nunca.

3. Esta tarde he terminado de leer La paz de los vencidos, de Jorge Eduardo Benavides (Nocturna Ediciones, 2014), y recojo aquí una cita que parece escrita para que la utilice hoy, expresamente, a modo de epitafio de un rechazo más:

En fin. No creo que se trate de un huida. Uno huye cuando siente que le amenazan el futuro, por inmediato que este sea. Por precario que sea. El futuro es esa pompa frágil que soplamos con fervor desde el presente.

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