mi reino por un beso suyo

1. Apenas leo. No necesito buscar en los libros una vida inventada. Estoy viviendo la mía, por primera vez en muchísimo tiempo, y sólo necesito mis palabras, sus palabras. Miradas. Manos que se agarran, buscándose. Los libros, ahora, me parecen de otro momento. En ellos no voy a encontrar nada tan brutal como lo que estoy viviendo.

2. El domingo y el puerto. El sol. El calor. Su piel rozando la mía. La suave brisa. Y el entonces. Lo que, en parte, pues son muchas más cosas, definen mi felicidad.

3. Se lo dijo Marina Tsviétaieva a Rilke en una de sus cartas: «un reino enteramente nuevo». Y Pasternak, a su vez, le dijo a Marina: «Tú eres mi incondicionalidad, tú, de la cabeza a los pies, eres mi idea candente, encarnada, como lo soy yo, tú eres para mí una recompensa maravillosa por mi nacimiento y mis vagabundeos, por mi fe en Dios y mis ofensas.» Siempre el amor como hilo conductor. La vida no puede entenderse de otra forma.

4. Observo los libros en mis estanterías. Sus títulos. Recuerdo la tristeza que albergan. Los abismos. Y pienso en mi esqueleto de entonces, en el yo de aquellas lecturas, algunas al límite, que me llevaron a escoger esas guerras, esas fronteras. También en cómo cambia la vida en muy poco tiempo. El 23 de marzo era un trozo de carne que espera un milagro. El 24 de marzo llegó. Contemplo esos libros desde la sonrisa constante de mi boca. Los contemplo desde el nombre que pronuncio; desde la sed de mi lengua por la sed de la suya. Y es como si se transfomaran. Como si me dijeran: ya no nos necesitas más. Todo en la vida pasa por algo. Y su nombre es como una oración que transforma todo lo triste, todos los precipicios, todos los peligros, en una aventura que se te queda grabada en la piel, en las entrañas y en los huesos, y que camina mejor, respirando, porque el aire es limpio, y porque con que me tienda la mano mi vida, mi historia y la suya, tienen un sentido. La aventura de haber encontrado un tesoro y no tener que custodiarlo ni esconderlo, sino disfrutarlo, exprimirlo. Bebernos todos los días.

5. Angela Carter lo dijo, como si me hubiese leído el pensamiento al mirarla: «She is like a piano in a country where everyone has their hands cut off.»

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