hasta el final

1. Hace dos semanas fui a un mercado en Bilbao. Compré, en un puesto maravilloso que no esperaba encontrar, cuatro libros. Uno de ellos ya lo había leído. El único. Lo leí en la universidad, de casualidad. Estaba escrito por uno de los amantes de Marguerite Duras, autora a la que admiraba aunque no entendía del todo. Yann Andréa había escrito un libro llamado Ese amor. Yann había amado a Marguerite. Se habían amado. Pero sus caminos se separaron con la muerte de la escritora. Y la desolación del después. Y los recuerdos. Y el libro que escribió para que no se olvidase nunca nadie jamás de que sus nombres, Yann y Marguerite, habían estado ligados más allá de cualquier suposición, más allá de cualquier vivencia. La ligadura era indestructible.

2. Marguerite hablaba siempre del amor. Siempre. Sus novelas son efímeras como la primera noche que se hace el amor. Por más que intentamos alargar el momento el tiempo no cede a los deseos. Marguerite lo sabía. Y nos lo cuenta. Marguerite hablaba siempre de amor porque vivía, o eso parecía, en un estado perpetuo de soledad. Siempre sola en sus apartamentos, en sus habitaciones de hotel. Siempre ansiando el amor. Siempre ansiando la piel de otro. Y un día llegó Yann. Y Yann llegó y Yann cambió su vida. Yann se quedó. Y escribió Yann Andréa Steiner, un libro breve como El amor o como Emily L., breve pero eterno, y portentoso. Porque ese libro, dedicado a ese hombre que amaba a otros hombres pero que amaba a Marguerite por encima de cualquier cosa, es Marguerite en estado puro. Es Marguerite en una soledad acompañada que nos recuerdas a los primeros fragmentos de El amante, que nos recuerda que el alcoholismo de la amante de Yann era, junto con la escritura, la forma que había encontrado de autodestruirse. En el momento en el que la escritura rozaba una obsesión que podía haberla devorado, justo después de dos largos años de enfermedad, Yann apareció para acompañarla hasta el día de su muerte. Su extinción, la de Marguerite, fue la extinción de Yann Andéa Steiner.

3. Yann Andréa amó hasta tal punto a Marguerite que, cuando escribió Ese amor, lo hizo, da la sensación, desde las entrañas literarias de la propia Marguerite. El estilo de Marguerite, tan identificable, tan pegajoso para cualquier escritor, se quedó adherido a él. Y da la sensación de que leemos a Duras, de que es ella la que se esconde tras los sentimientos puros de un hombre que no esperaba amar a una mujer, menos a una mujer como Marguerite, menos a la propia Marguerite, que lo acogería como a un hijo y lo amaría como a un hombre. Que lo amaría como se ama al amante de la China del norte.

4. Yann pasó a papel lo que Marguerite le dictaba. Durante dieciséis años. Su esqueleto, el de Yann, se reconstruyó en aquellas creaciones, en aquellos hacer el amor tras la batalla, en aquella forma de reconstruir un pasado que aún estaba por inventar. Ella tenía 65 años. Él 27. Pero la literatura, como tantas otras cosas, no entiende de edades. Y los libros, Ese amor y Yann Andréa Steiner son la máxima expresión de que la literatura, precisamente, nos regala la libertad que la vida nos roba. Y hablaban de libros, y creaban, y Marguerite amenazaba con quemar los manuscritos, y Yann se lo impedía, y ella se obsesionaba, y él se encerraba, y ella odiaba bañarse, y él se pasaba una hora, todas las mañanas, navegando en la enorme bañera de aquel hotel frente a la playa. Y, entre medias, entre suspiros, riñas y botellas de vino, el monstruo que palpitaba: el amor. Y, como dice Marguerite en su libro: «La joven dice que siempre se ha escrito sobre el fin del mundo y sobre a muerte del amor. Advierte que el niño no comprende. Y ambos ríen de ello, muy fuerte, los dos. Él dice que no es verdad, que se escribe sobre papel. Ríen. Entonces ella dice que el niño comprende. Ríen. Dice también que si no hubiera ni amor ni muerte nadie escribiría libros.» Y precisamente porque hay amor y muerte, Marguerite escribió una carta de amor a Yann y Yann le correspondió con la suya.

5. Esta mañana buscaba un libro de García Márquez entre los cientos de libros de mi padre. En un montón, he dado con tres joyas. Una de ellas, el libro que la Duras dedicó a Yann. Y he pensado en lo que es la casualidad, en lo que son las ganas del destino por hacernos buscar una cosa y hacernos conseguir otra, como si el destino supiera que ese libro, ese y no otro, era el que necesitábamos. Lo he leído de un tirón, mientras me tomaba una cervecita bien fría, tirada en la cama, con los pájaros cantando en la ventana. Sí, es primavera y leo a Marguerite. Casi una tradición. Y lo mejor del destino siempre aparece en primavera.

6. Leo, en Yann Andréa Steiner: «Sí. Llegará un día, un día que sentirás el abominable pesar de lo que calificas como “imposible de vivir”, es decir, lo que tú y yo intentamos aquel verano de viento y lluvia del ochenta.» Callo. Debo callar.

7. Leo, en Ese amor: «Intento amarla más. Más aún. Nunca es bastante. Y todos esos libros escritos por usted, ese Nombre de Duras, ¿qué es? Historias de amor. La historia de alguien que dice: amar. El amor. La dejo que lo haga. Ahora estoy libre de eso. También de esta promesa de escribir por fin el buen libro, el libro verdadero que hace que escribamos durante toda una vida. La amo mientras intento empezar otro libro. Así no estamos separados. Together, es ésa su palabra, ¿no? Juntos. Sí. And without you. Con y sin usted. Exactly.» Y también: «No lo comprendo muy bien, pero ya que usted lo dice, ya que usted me lo dicta, ya que lo tecleo en la máquina de escribir, todo eso, todas esas mentiras, toda esa historia. Pero menuda historia, dígame, para caerse de sueño, como usted dice, pues bien, todo eso, en conjunto, todo ese barullo que es la vida, que son libros, que somos usted y yo, todo eso existe, es cierto. Creemos en ello. Nos implicamos. Lo hacemos. Todo. El amor y los libros. Y todo lo demás. Hasta el final. Hasta ahora, hoy eso continúa, porque estoy escribiéndole a usted, lo hago, sí, escribo. Usted dice: Yann, sólo puede hacer una cosa: escriba. Lo hago. I do it.» Siempre, todo lo que hagáis, que sea HASTA EL FINAL.

¿Prometido?

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One thought on “hasta el final

  1. Uf, me encanta este post. Leí esos dos libros un verano en el pueblo, del tirón, una mañana, junto a la ventana y con el sonido de los pájaros de fondo. Cuando leo estas cosas me gustaría poder rescatar Iguazú (la rescataré, estoy segura, pero me refiero a rescatarla pronto, ya) para poder darle una nueva vida en papel a estas palabras. (Y tengo pendiente lo otro tuyo, lo sé, es solo que estoy esperando el momento exacto para leerte, es muy importante el momento exacto).

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