sed

1. Me había prometido a mí misma que no iba a escribir nada el día de hoy. Me había prometido no dejar por escrito ninguna señal que alguien pudiese interpretar. Quiero que se desconozcan mis sentimientos. Pero hoy me niego a ocultarlo más. Aún no he pasado página, esa es mi declaración. Aún no he podido olvidar, aún no he podido dejar de añorar, aún no he podido dejar de volver a aquellos poemas que escribí de septiembre a diciembre; son un estribillo que se me repite, constantemente, como una canción de verano. Y aquí estoy de nuevo, escribiendo sobre algo que sigo sin saber muy bien qué es pero que está, como lleva estando tanto tiempo. Y tampoco voy a ocultar mi cansancio, ni la vergüenza que siento. Justo hace un año encendí una vela en una iglesia de Londres. Y pedí. Y ese deseo ha resultado ser como la pelota de la que hablaba Dylan Thomas: esa que se lanza al vacío del cielo y no termina nunca de tocar tierra, de pisar suelo. Alguien debió de apagar de un soplido aquella vela, aquellos fifty pence, aquel deseo de poder seguir soñando toda la vida. Pero no. Ni aquel 10 de marzo ni este.

2. Me había prometido a mí misma que no dejaría más pistas, que estos días estaría callada. No quiero armas que se usen en mi contra. No quiero que lo que hoy siento se quede palpitando en un lugar que no pueda silenciar. Pero estoy terriblemente agotada de fingir, de pretender que nada ocurre ya en mí cuando, en realidad, nunca ha habido tanta guerra, tanta batalla. Todas las libro conmigo misma. Imaginad el agotamiento, imaginad la tristeza cuando sonrío y vendo algo que nunca ha existido. Porque tengo fechas marcadas en mi piel, a fuego. Porque una vez ardí y aún hay humo. Hay otra cosa: me miento todos los días, casi a todas horas. Aún no he olvidado.

3. Leo: «Nadie ha tenido tanta sed de mí como tú». La frase es de Jacques Chauviré en Élisa.

4. Y, sin embargo, hay otra cosa tan cierta que me escuece: si volviese atrás, si diese la vuelta al reloj e hiciese con el tiempo lo que me diese la gana, volvería a repetir el salto en aquel abismo, aún sabiendo que de la herida, de la pérdida, no me salvaría nadie. No me arrepiento de nada más que de una cosa: de la tristeza que le hice sentir cuando, en realidad, no cabía de felicidad en mi propio cuerpo.

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One thought on “sed

  1. Leo tu blog desde hace mucho, aunque bien es cierto que nunca suelo realizar comentarios, quizás porque creo que no son necesarios, que nada de lo que pueda escribir aporta algo que no caiga en banalidades. Sin embargo, quería darte las Gracias, porque en ese tiempo, tus letras me acompañan, a veces porque sin saberlo se comparten sensaciones, te tocan sentimientos…y porque la vida en el fondo, es una para todos/as, y sucede lo mismo pero se percibe diferente, o sucede diferente y se percibe lo mismo, el caso es…que Gracias por hacer fácil lo que a veces se siente difícil…de verdad, Gracias.

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