Derrotando ejércitos

Intento ordenar mis ideas. No. Intento ordenar mis sentimientos. Intento no ahogarme por lo que otros han sentido, por lo que reconozco en las palabras de personas que no he abrazado jamás. Intento que no me duela la memoria que habita en mi piel y que me recuerda, de tanto en tanto, aquellos abrazos que sí que dí y que nunca más volveré a tener. Intento que las páginas de ese poemario no sepan a sangre y a mar. Intento no volcar mi vida en cada verso. Intento. Intento. Intento. Intento que mi pasado se quede donde está. Pero, sobre todo, intento que el amor se quede bien lejos. Que no se acerque a mí. Amo y rechazo, al mismo tiempo, lo que leo. No quiero ver películas de mi vida en las vidas de otros. No quiero que mis escenas se transformen en algo similar a un todavía. Y sin embargo. Pierdo en todo lo que intento, claro.

Cierro todos mis cuadernos después de leerla. Los cierro y los miro y me digo para qué. Cómo enfrentarme a mi escritura después de esto. Dejo el libro y cojo mi poemario, encuadernado, modificado, ordenado. Abro al azar y me leo. No me reconozco. Aquella que habla en esos versos no soy yo, no es mi yo actual, al menos. Reconozco la herida, eso sí, reconozco el trazo del hilo que me juntó de nuevo en una. Vuelvo a ser una, sin vísceras esparcidas por los folios que toco. Pero aquellos, los de mi poemario… Eso es otra historia. Allí hay arañas, fuego, el humo de la batalla perdida. Hay sangre, hay dolor, mucho. Hay un abismo que lleva mi nombre. Pero es pasado. El poemario, terminado el 17 de diciembre, ya no es Svanire, de Ludovico Einaudi. Tampoco lo soy yo. Soy más Oltremare. He recuperado mi piel.

y dime que vas a volver

porque tienes que terminar

todos los besos a medias

que se han quedado en mi boca

Quizás por eso leer a Elvira Sastre fue un shock tan brutal.Elvira me estaba leyendo hacía unos meses. Elvira me estaba leyendo lo que queda en mí de aquella alma pasada. Me estaba leyendo el cuerpo y sus temblores. Puede que sea porque es fácil identificarse con lo que cuenta. Todos hemos amado. Pero, en esta ocasión, a diferencia de lo que me ocurrió cuando leí a Carol Ann Duffy, por ejemplo, o a Julio Oliva, Elvira me ha visto completamente desnuda sin haberme visto, siquiera, vestida. Sus poemas son pura experencia, restos de vivencias que los ha sentido de tal forma, siempre arrasando, que los tuvo que dejar por escrito. Soltar lastre. No hundirse. Poemas que hablan de victorias y de derrotas. También hay alguna que otra trinchera: todos, sin excepción, nos defendemos; lo que diga nuestra forma de protegernos es lo que somos o aquello de lo que huimos. Porque todos, también, huimos de algo. Todos tenemos máscaras en nuestro armario. Todos fingimos. Todos pretendemos. Pero en Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo no hay ningún intento de mentira. Sospecho que no hay ninguna intención más que mostrarse como una es. Y los poemas de Elvira son valentía en estado puro. Sabe que sus poemas son los huesos que formarán, al final, el esqueleto con el que tendremos que enfrentarnos a la vida. En sus huesos no hay ningún clavo, ninguna tara. Son vida, vida pura, sentimiento puro. Son recuerdos que ya no pesan. Están, pero no pesan. Son, pero han perdido la capacidad de causarnos daño. Hasta que llega alguien como yo, supongo, y los lee. Y al principio a lo mejor te sientes perdida, pero Elvira te ayuda a encontrarte. Not all those who wander are lost, decía alguien.

Quiero ser tu amor imposible,

tu dolor no correspondido,

tu musa más puta,

el nombre que escribas en todas las camas

que no sean la mía,

a quien maldigas en tus insomnios,

a quien ames con esa rabia que solo da el odio.

Podría rescatar cientos de versos de este poemario. Podría, de hecho, coger de aquí y de allí y, citándolos, incluirnos en mi poemario, y decir: quién mejor que Elvira para contaros mi historia. Y podría hacerlo, seguro, porque Elvira derrotó todos mis ejércitos y los hizo verso. Los hizo, por tanto, eternos. Algo similar a lo que he intentado en mi propio poemario. Hacer eterno lo imposible. La fragilidad del sentimiento, magistralmente expuesto en cada uno de los poemas, es lo que más me ha llamado la atención, posiblemente, del talento de alguien tan joven como Elvira. Cómo es posible, me digo, que alguien sea capaz de escribir esto. Porque detrás de muchos de esos poemas hay un sufrimiento que se resume en mil agujas clavándose en tu piel. También hay poemas alentadores, también hay respiro, bombonas de oxígeno. Pero hay un rastro de migas de pan tristes que los que hemos pasado demasiadas semanas alejados de la realidad, sumidos en una locura que no admite definición, reconocemos al instante. Decía hace poco en una reseña, en la de Julio Oliva precisamente, que los que hemos sufrido nos reconocemos enseguida; que somos capaces de ver los guiños donde los demás ven florituras. Pero no. Aquí no hay un decorado; tras nuestros cuerpos no hay un precioso escenario desde el que gritar ¡que empiece la función! Es nuestra piel y su historia las que quedan como telón. Y Elvira Sastre ha derrotado la oscuridad. Ahora, gracias a sus poemas, gracias a su valentía, podemos ver a través de nuestra piel.

Otro día distinto

—o quizá era el mismo—

te conocí

y vi cómo los quinientos caballos de mi pecho

abrían los ojos

Decía, hace unas líneas, cómo podía enfrentarme a mi poemario después de leer el de Elvira. Con humildad, que es la técnica utilizada por la poeta para crear Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo. Con humildad, sí, y con algo muy poderoso: con revolución. Elvira ha revolucionado mis propios versos, que ahora, parece, adquieren mayor sentido. Mi poemario, ahora, no está solo. A mí me perdió, pero ha ganado los poemas de una poeta que, sin duda, ha de revolucionar nuestros estómagos y entrañas. Y qué gustazo esa paz que queda después de la tormenta. Es la única forma de apreciar la vida.

Pero la poesía no salva,

solo da un sentido a las heridas.

(…)

Pero todos los finales de los poemas

que te escribo

me gritan cuando los acabo,

porque no puedo terminarte.

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One thought on “Derrotando ejércitos

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